En el cuarto a media luz,
las horas pasaban,
las hojas seguían en el mismo lugar,
yo no sabía a que atinar.
Yo solo miraba,
miraba sin pensar,
respiraba,existía.
En el cuarto a media luz,
hablaba con las murallas,
le encendía un cigarro a la lámpara,
me preguntaba
¿Quién había destruído nuestro mundo?
¿Por qué demonios se puede estar tan triste y a la vez tan felíz?
Jugarretas del destino,
me decía mi sentido común.
Las horas pasaban,
necesitaba detener el mundo un momento,
volver a pensar,y de ahí seguir.
Si,tenía la intención de seguir,no muy clara,
pero la noción ínfima estaba.
El reloj no pararía de dar la hora por mí,
ni yo me detendría otra vez.
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