Lo conversaba con un amigo hace unos días,
con una Corona, mientras encendiamos un cigarro:
uno, inevitablemente o no, carga con pequeños traumas de las ultimas malas experiencias.
Es apestoso, es asqueroso, tienes superado todo, pero aun así, te quedan residuos que afectan la confianza, el típico "¿si me apresuro mucho la cagaré?".
Son residuos, mas bien "traumas residuales" le diría yo, pero son, reales.
La confianza se pierde,
la antigua grandiosa confianza que tenías que cuando te topaste con un murallón se te fue al suelo, que fue como un mazo en la cabeza sin decir antes agua va, todo eso que pierdes y que, luego del obligado periodo de abstención y cuando el trauma principal está superado y vuelves a la carga,
nuevas experiencias, nuevas personas, aparecen, como un karma.
Confianza, por exceso de humildad sueles dar malos pasos,
por lo general para ti mínimos, pero que al otro lado afectan asquerosamente,
y no sabes que hacer despues.
Importo, vuelvo a importar, y no me doy cuenta que las vuelvo a embarrar.
Y uno carga con miles de "nombres malditos", que intentas quemar o ahogar: Juanitas tabú,
Alejandras tabú, Andreas tabú, miles de letras tabú que pesan en momentos cruciales,
en los que no puedes fallar, en los inicios, letras a las que si uno les hace caso, viene despues el "golpee su cabeza aquí, contra la muralla",
y ves partir, a lo lejos, de nuevo.
lunes, 27 de julio de 2009
sábado, 25 de julio de 2009
La cubana
Estaba sentada en la mesa contigua a nosotros,
con el que, al parecer, era su novio.
En el wurlitzer primero sonaban Los Angeles Negros
(placer culpable, lo asumo) y ella cantaba, o mas bien,
tarareaba letras que no conocìa.
Obviamente no pudimos abstraernos de ese mar de gracia tropical
que se reía como gritando y que luego de un par de cervezas,
y de un par de veces que me pidio fuego para encender sus cigarros,
ya estabamos compartiendo con ella y su acompañante,
el que nos enteramos que era colombiano.
No recuerdo mucho la conversación que tuvimos,
solo de que estaban muertos de frìo pero que amaban Santiago.
Luego empezó a sonar musica de sus tierras,
ellos se meneaban y nos invitaban a bailar, pero ya el efecto de una conversación muy regada nos impedía levantarnos y entrelazar nuestras manos con el ritmo cadencioso.
No, nos dedicamos a observarlos,
a llenarnos de su onda, a alegrarnos con su energía.
Salimos del bar, un par de cuadras:
"¿y como se llamaba la cubana?"
"Yeneldin parece, ¿o no?"
"No sé."
con el que, al parecer, era su novio.
En el wurlitzer primero sonaban Los Angeles Negros
(placer culpable, lo asumo) y ella cantaba, o mas bien,
tarareaba letras que no conocìa.
Obviamente no pudimos abstraernos de ese mar de gracia tropical
que se reía como gritando y que luego de un par de cervezas,
y de un par de veces que me pidio fuego para encender sus cigarros,
ya estabamos compartiendo con ella y su acompañante,
el que nos enteramos que era colombiano.
No recuerdo mucho la conversación que tuvimos,
solo de que estaban muertos de frìo pero que amaban Santiago.
Luego empezó a sonar musica de sus tierras,
ellos se meneaban y nos invitaban a bailar, pero ya el efecto de una conversación muy regada nos impedía levantarnos y entrelazar nuestras manos con el ritmo cadencioso.
No, nos dedicamos a observarlos,
a llenarnos de su onda, a alegrarnos con su energía.
Salimos del bar, un par de cuadras:
"¿y como se llamaba la cubana?"
"Yeneldin parece, ¿o no?"
"No sé."
miércoles, 15 de julio de 2009
RE
Nauseabundo olor a flores,
matame en dolores, matame en penas,
matame en tristezas, mátame en penas.
Reviveme en alegrías,
reviveme en risas, reviveveme en sueños.
Prefiero una triste alegría eterna,
a una alegría triste efímera.
Te miro desde aquí, a lo lejos,
alejando el silencio, alejando el temor.
Alegoría a la tristeza,
alegoría a la farsa,
a esa adicción de mierda a reirme.
matame en dolores, matame en penas,
matame en tristezas, mátame en penas.
Reviveme en alegrías,
reviveme en risas, reviveveme en sueños.
Prefiero una triste alegría eterna,
a una alegría triste efímera.
Te miro desde aquí, a lo lejos,
alejando el silencio, alejando el temor.
Alegoría a la tristeza,
alegoría a la farsa,
a esa adicción de mierda a reirme.
viernes, 3 de julio de 2009
Le freak
Sensación alucinogena,
suave cordura, suave irrealidad.
La recuerdo llegando,
no la conocía, en mi vida la había visto.
The Doors sonaba de fondo,
quizás unos cuantos tequilas,
sus anteojos blancos, su aire hippie y despreocupado,
sostenía el ultimo de mis sorbos con su aliento y su mirada.
Era su movimiento,
su aire de estar entre Venus y Atenea, cercana al Hades,
me perdía, me consumía y me devoraba, ese humo,
ese aire de diva reventada y consumida por su hilaridad,
de los 20 presentes yo en 20 segundos era el único en estado de fisión.
Fisión nuclear lo que ocurrió despues,
fusón de cuerpos y almas, entre el tequila, tu humo, mi humo, yo ya no estaba aqui, estaba en el Olimpo.
suave cordura, suave irrealidad.
La recuerdo llegando,
no la conocía, en mi vida la había visto.
The Doors sonaba de fondo,
quizás unos cuantos tequilas,
sus anteojos blancos, su aire hippie y despreocupado,
sostenía el ultimo de mis sorbos con su aliento y su mirada.
Era su movimiento,
su aire de estar entre Venus y Atenea, cercana al Hades,
me perdía, me consumía y me devoraba, ese humo,
ese aire de diva reventada y consumida por su hilaridad,
de los 20 presentes yo en 20 segundos era el único en estado de fisión.
Fisión nuclear lo que ocurrió despues,
fusón de cuerpos y almas, entre el tequila, tu humo, mi humo, yo ya no estaba aqui, estaba en el Olimpo.
Marianne
Recuerdo que hasta hace un tiempo yo tenía un mascarón de proa,
a quien le había dado un nombre de mujer.
Era hermosa,
tenía cabellos dorados y ojos de ángel, y me sentía el capitán mas orgulloso del puerto por tener el mascarón mas bello.
Yo estaba acostumbrado a viajar solo,
los años me habían vuelto un viejo lobo ermitaño,
errante por mares inhóspitos y helados, asi que su compañía me hacía bien.
En uno de esos viajes comencé a escribirle,
si, a la luz de la luna me sentaba todas las noches a escribirle,
y parecía que sus ojos brillaban mas con cada verso que escribía.
Lentamente, creo que comencé a enamorarme de ella,
y creo que ella de mi,
Se que a ojos de cualquiera hubiese parecido un loco,
mas yo era feliz con ella, que con sus ojos de esmeralda guiaba mi barco e inspiraban mi creación.
Hubo un día en que creí que tanto sol me había hecho mal: Marianne se había vuelto real...
Refregué mis ojos con fuerza, pensando que me había vuelto loco, pero no, era ella.
Vivimos felices, juro a los cielos que fui el ser humano mas feliz que pisara la tierra, recorrimos puertos, ensenadas y bahías, el mundo era perfecto, y nuestro.
Todas las noches, ella se colocaba en la proa y yo le escribía, era mi musa y mi compañera, la que tanto habia ansiado, tomabamos la mandolina y cantabamos, le cantabamos a la luna y las estrellas, mientras felices avanzabamos por mares tempestuosos.
Con ella conocí el paraíso hecho verbo, verso y prosa,
la tierra de la miel sobre hojuelas la conocí en su cuerpo dulce y tibio y en su piel que brillaba resplandeciente con el reflejo de la luna mediterranea.
Un buen día eso si, noté que algo había cambiado,
cuando desperté, en mis sábanas ya no estaba.
Desesperado, partí a la proa y no estaba,
la había dejado en un puerto lejano y se había vuelto aserrín.
La odié,
la odié con todo el amor que le tuve por dejarme solo,
porque pensé que estaría toda la vida conmigo si hubiese sido necesario,
la odié porque pensé de manera egoísta que gracias a mi, ella había tenido vida.
Pero no fue así, ella era del mar,
ella no había sido jamás mia,
ella era un montón de aserrín.
Tengo ya lejana su memoria,
de su aroma y sus besos apenas me acuerdo, pero ahora, ahora solo el sol me guia, quizás me termine enamorando de una estrella, y no sería extraño que de la mas dificil de alcanzar.
a quien le había dado un nombre de mujer.
Era hermosa,
tenía cabellos dorados y ojos de ángel, y me sentía el capitán mas orgulloso del puerto por tener el mascarón mas bello.
Yo estaba acostumbrado a viajar solo,
los años me habían vuelto un viejo lobo ermitaño,
errante por mares inhóspitos y helados, asi que su compañía me hacía bien.
En uno de esos viajes comencé a escribirle,
si, a la luz de la luna me sentaba todas las noches a escribirle,
y parecía que sus ojos brillaban mas con cada verso que escribía.
Lentamente, creo que comencé a enamorarme de ella,
y creo que ella de mi,
Se que a ojos de cualquiera hubiese parecido un loco,
mas yo era feliz con ella, que con sus ojos de esmeralda guiaba mi barco e inspiraban mi creación.
Hubo un día en que creí que tanto sol me había hecho mal: Marianne se había vuelto real...
Refregué mis ojos con fuerza, pensando que me había vuelto loco, pero no, era ella.
Vivimos felices, juro a los cielos que fui el ser humano mas feliz que pisara la tierra, recorrimos puertos, ensenadas y bahías, el mundo era perfecto, y nuestro.
Todas las noches, ella se colocaba en la proa y yo le escribía, era mi musa y mi compañera, la que tanto habia ansiado, tomabamos la mandolina y cantabamos, le cantabamos a la luna y las estrellas, mientras felices avanzabamos por mares tempestuosos.
Con ella conocí el paraíso hecho verbo, verso y prosa,
la tierra de la miel sobre hojuelas la conocí en su cuerpo dulce y tibio y en su piel que brillaba resplandeciente con el reflejo de la luna mediterranea.
Un buen día eso si, noté que algo había cambiado,
cuando desperté, en mis sábanas ya no estaba.
Desesperado, partí a la proa y no estaba,
la había dejado en un puerto lejano y se había vuelto aserrín.
La odié,
la odié con todo el amor que le tuve por dejarme solo,
porque pensé que estaría toda la vida conmigo si hubiese sido necesario,
la odié porque pensé de manera egoísta que gracias a mi, ella había tenido vida.
Pero no fue así, ella era del mar,
ella no había sido jamás mia,
ella era un montón de aserrín.
Tengo ya lejana su memoria,
de su aroma y sus besos apenas me acuerdo, pero ahora, ahora solo el sol me guia, quizás me termine enamorando de una estrella, y no sería extraño que de la mas dificil de alcanzar.
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