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Otra vez caminando sin destino.
Enero de pronto se convirtió en julio,
y sentí frío en medio de esa tarde de tórrido aire estival.
Mas que un libro,
sentí que lo que había dejado en quien sabe que lugar de la Alameda,
era un pedazo de alma.
Un pedazo de mi alma que se conectaba a historias pasadas,
a esos días en que el juego favorito era soñar ser un intelectual de pipa y corbata.
A días de escritor de pupitre escolar,
de prosas adolescentes del último rincón de un aula.
A días fríos en que el refugio era ese gastado lápiz Bic azul
y la última hoja del cuaderno de matemáticas.
A ese inframundo que nacía en la soledad masiva,
que se acababa con el timbre del recreo,
y que se nutría de historias de amores eternos y complejos de duración efímera,
entre medio de raids de bicicleta y cigarros furtivos en el baño,
acompasado con melodías que comenzaban a hacer su trabajo de trastorno de sinapsis.
En pleno enero sentí frío,
con ganas de conversar hasta con el tipo del kiosco,
solo necesitando,hablar.
Otra vez me vi caminando sin destino,caminado en vez de bajar a la estación mas cercana,
con los ojos sin rumbo en el horizonte,
fijos,lívidos y saltones,
sin una razón,sin un corazón,sin una esperanza.
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