Adoquines.
¿Que tienen de mágicos que me embrujan?
Es que vez que necesito volver a retomar
lo que cada cierto tiempo pierdo,
me vuelven en sí.
Volver por las mismas calles aplanadas mas de una vez,
volver con ese café en las manos
y los audífonos en mis orejas.
Paz,
cuando la necesito ahi está.
Ahi está la misma banca que me vio en las buenas y en las horribles.
Ya los recuerdos de no haber hecho el mismo trayecto solo,
se van diluyendo como agua escurriendo por los drenajes.
Uno, dos, tres pasos.
Tic, tac, tic.
Un reloj que se niega a avanzar.
Tú, yo y nosotros.
Cuando el todo es nada y la nada es poco,
vuelvo a mi París de siempre,
a mi plaza de siempre.
A escapar entre la gente,
a estar tan acompañado pero tan sólo.
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