El ahogo.
El mareo.
La náusea.
En la red como un pez involuntariamente atraído me veo.
Odiar, aquel viejo pasatiempo abandonado.
El insomnio, aquel viejo amigo que siempre se presenta en éstas.
¡Solo, un grito ahogado, Solo!
¡Sólo, un grito nauseabundo, Sólo!
Le puse una bomba atómica a aquel mundo construido con adobes,
admito que aun no dimensiono hasta donde llegó la explosión.
Ahora viene lo peor, el invierno nuclear, la lluvia ácida de la soledad,
del hastío, de esa soledad horrible que significa sentirse uno menos, uno mas, entre tanta gente.
Venían a esta tienda cuando el pescado era fresco, y gratuito
no vuelven cuando éste se ha podrido...
Oigo sus voces, como prédicas profanas,
las oigo y no las entiendo, me hastía el ruido.
Ahora vuelve la lluvia, aquella perra que había abandonado hacía tanto tiempo
a destruir todo
a comenzar con su invierno de holocausto...
1 comentario:
Después de la tormenta, siempre sale el sol.
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