Ya estoy desnudo,
consciente de mi,
de los recovecos que en mis sesos tengo.
Me encantaría.
Me encantarían tantas cosas,
pero esta es mi esencia,
esto es lo que siempre tuve y disfracé en un oropel de ilusiones de felicidad.
No, no soy ese, aquel que soñaste.
Discúlpame por la verdad, nena.
Siempre fui este,
un ególatra,
inconsciente,
frío,
calculador.
Sentí amor,
y cuando lo sentí me aterré,
al punto que me congelé.
Un lobo,
que en la estepa sólo morirá.
(Gracias)
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