Como promesa de ebrios en una cantina,
que en un par de copas confundieron algo mas que la conversación.
Como un par de desconocidos,
que en medio del hedor de flores de lavandas mustias en primavera,
en medio de la soledad y de la oscuridad mas absoluta,
decidieron comprometer algo mas que un simple y mutuo escape
a sus dudas existenciales.
Como amantes desesperados,
buscando el último de los recovecos para sentirse vivos.
Como una declaración de amor eterno,
en un motelucho barato, en medio del ajetreo de la mas insana pasión.
No tenemos pasado, un futuro dudoso y un presente a veces tortuoso.
Imaginemos,
de sueños está habitado el mundo de los locos,
y hace rato que perdimos la cordura mutuamente.
Imaginemos,
no que el mundo es nuestro y nos lo llevamos por delante,
no que la vida sería infinita en nuestros brazos,
me es indispensable tomarme un café y soñar un rato,
solo por revivir el antiguo y viejo vicio de lo etéreo,
de lo secreto y de lo nuestro.
Cierto, cariño, no es Paris.
¿Pero quien dijo que te prometería la luna y una tarde en Venecia?
Te prometí algo mejor.
(pero no se lo digas a nadie...)
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