Había una señora, clienta de mi papá en la distribuidora de vino, por un barrio viejo, entre Independencia o Recoleta, creo, la memoria me falla un tanto, que escuchaba la Radio Nacional todo el día en su restaurant, el programa de la Alodia Corral creo que se llamaba.
Tiene que haber sido AM la estación, ya que a poco mi papá también empezó a escuchar en la radio del humilde pan de molde japonés que teníamos por camioneta en ese entonces y que no tenía mas recepción que esa banda (ni soñar con cassette ni sintonizador digital).
Yo era chico aun pero me gustaban los acordes y el ambiente que se formaba, la gente cantaba, algunos incluso se animaban a bailar, se armaba la pista mientras algunos jugaban cacho y dominó, otros a la rayuela, animados por el vino dulce y espirituoso que mi papá les traía por montones embotellado en esas vasijas gordas y protejidas por un entramado de mimbre que desde pequeño me había acostumbrado a cargar para ayudarle, las cuales fueron reeemplazadas por el plástico (con el 2000 todo se volvió mas sintético).
Creo que por eso me gustaba acompañar al viejo en sus rondas,
siempre el ambiente alegre y respetuoso del viejo Club de Rayuela, que mas que cantina como las que se conocen ahora, eran verdaderos centros de reunión social con buena comida (las mejores cazuelas de mi existencia las he comido ahí) y la tradición, pero no esa tradición SNOB del terremoto en La Piojera, si no que esa del Santiago tanguero, con el gentleman bien pinteado tomandose una cañita, con la cueca bien zapateada en el 18.
Y la gente se tomaba en andas y se ponía a cantar, a bailar, todos estabamos piantaos, y yo observaba desde afuera como la luna iba rodando por Callao...
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