jueves, 10 de junio de 2010

Pequeña gigante.

Pequeña,
y a la vez gigante.
¿Por qué gigante?
Porque habita en mi corazón,
y cuando pienso en ella siento que éste no me cabe en el pecho, le comenta a quien quiera saberlo, gritandolo a los 4 vientos.
Con esa sonrisa sincera,
esos ojos de miel,
llegó sin pedirle permiso a nadie, a remecer su castillo.
Un castillo que no quería compartir con nadie,
donde la soledad era su guía y compañera,
anacoreta eterno, aunque secretamente todas las noches pedía por ella.
Ella llegó,
le dijo al ermitaño ¡ya no más!,
y en una tarde fría como esta osó apagar el fuego con el que encendería su cigarro.
El ermitaño la quedó mirando,
despertando en él la mas inmensa ternura, vio a través de sus ojos hermosos un futuro apenas imaginable, apenas creible.
¿Amar?
¿Y con esa pasión?
Dios, ya no estoy para bromas, pensó incrédulo, ¿dónde está la cámara?
Y así fue, se arriesgó, puso todas sus fichas en una apuesta de la cual no sabía como iba a salir, entró a batallar a una guerra con resultado incierto y al otro invierno el ermitaño ya no era tal,
vive y piensa por un futuro que ve a través de esos ojos,
tiene planes de hermosear su castillo y volver a sus tierras ancestrales,
junto a ella, a esa pequeña gigante que hace que sus latidos sean mas fuertes cada vez que piensa en ella.

1 comentario:

Aldbaran dijo...

que wena man, quien no arriesga no gana jejeje
un abrazo hermano
nos vemos
Adios!