Me conseguí en la reventa otros tickets para jugar a la ruleta rusa.
Justo en el momento que mas lo necesitaba.
Las notas de crédito las repartí en lugares estratégicos,
dejé pistas: quien me conozca bien sabrá donde encontrar.
Estoy seguro que ahora cae.
Estoy seguro que al fin descanso,
de este mundo mal oliente,
que jamás mereció mis lágrimas,
ni mi risa, ni lo que yo podía darle.
Intenté pero no me resultó.
El Altísimo sabe que lo intenté,
pero aun así me fui de bruces.
Princesa de mis sueños,
corazón de cristal,
ese mismo que destrocé en un momento de ira y confusión estúpidas,
vístete de rojo carmesí para presenciar el espectáculo,
prepara tus mejores zapatos para saltar sobre mis despojos,
lo merezco,
tu sangre que yo vanamente desperdicié merece venganza,
amor mio,
yo te la daré para que no ensucies tus manos
ni tu bello rostro.
Entiendo todo,
lo comprendo todo,
me demoré un tiempo, pero ahora cae sobre mi como una tonelada de culpa,
de recuerdos, de malas decisiones
y de oir palabras sin sentido.
Como la cobardía,
esa que me atacó y de la cual no supe defenderme.
En la mirada perdida de un par de jóvenes nerviosos,
frente a un cajero automático,
advertí nuestro rostro cuando perdimos la inocencia,
bastantes años atrás.
Aquel día donde murió el sol de primavera.
Aquel sol que ahora me mantendría vivo, quizás.
Aquel sol al cual yo prometí una promesa que no cumplí.
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