sábado, 8 de abril de 2017

Aguas

Ni ruletas rusas.
Ni sueños delirantes.
Ni pesadillas.
Ni nada.
Un poco de respiro, un par de meses de aliento obtuvo aquel que ya agonizaba.
Una pérdida, lejana pero cercana a la vez, dio las luces de lo que se vendría.
Borracheras mediante,
llantos de soledad infinita,
de esa espiritual y también físca,
perderme en relámpagos oscuros,
tocar el fondo del abismo y besarlo.
Amar el pozo.
Luego, éxtasis de triunfo,
esperanzas renovadas,
el invierno radiactivo iba dando paso a pequeños rayos de sol.
Mas ahora, la meseta.
¿Paz?
Jamás.
No me permitiría el aburrimiento de navegar aguas tranquilas.
Sin emoción, sin pasión, no, eso no.
Pero si una tranquilidad extraña.
Un mar turbulento en una extraña calma.
No será para siempre, eso sí, pero la corriente parece buena.
Otra vez.
Allá vamos.


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