Por los ventanucos del encierro, hacia el sur, veo un arrebol que atraviesa la ciudad.
Púrpura, magnífico, duró menos de 5 minutos, hasta que el sol se guardó nuevamente tras la cordillera de la costa, esa que se nevó y que nos tiene convertidos en un inmenso frigorífico donde 6 millones de almas se conservan y desesperan.
Recordé, con cariño, mas sin nostalgia ni pena, otros arreboles de mi vida, también de julio, también de agosto, también de mayo, unos mirando al este, otros al oeste, perdidos por la Alameda al poniente, otros de vuelta, invocando extraterrestres.
Los recordé y me sentí bien,
agradeciendo lo bueno, siendo el material para escribir esta nueva historia.
Los recordé y recogí en parte la inocencia de esos años.
Todo eso en menos de 5 minutos.
Todo eso en una vida.
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