jueves, 15 de octubre de 2020

Renacer.

Vuelvo.
Vivo.
Sano.


Camino por Bilbao, una canción resuena en mi lista y en mi cabeza.

Libre ya.

Gracias.

lunes, 3 de agosto de 2020

Encierro

 Y morí.


Creí conocer la pena hasta que me vi hecho pedazos,
con mi perro mirándome con lástima.

30 cigarros diarios.
Una botella de whisky al día.
Frío.
Desilusión.
Decepción.


¿Que demonios estoy haciendo con mi vida?
Subir para luego bajar.
El estado de euforia permanente,
evadir era la solución.

¿Que demonios estoy haciendo con mi vida?
El encierro me desespera.
El frío.


El dolor en la espalda se siente como una puñalada.


Intentando que la carne olvide al espíritu, 
arriesgándolo todo.
Mientras, subiendo al ascensor dispuesto a "vengarme",
haciendo que la carne haga olvidar al corazón y al alma.

Doy marcha atrás, casi inconsciente.
Como un resorte.
Me devuelvo, enciendo el auto, prendo un cigarro y hago el camino a la inversa.
Sin explicar nada.
Sin hablar nada.
Me concentro en las luces.
Inadvertidamente mis mejillas se mojan.

¿Por qué?

Ya no existo.

¿Que estoy haciendo con mi vida?


Los amigos me llaman.
No contesto.
Olvido los deberes.

Se detonaron las bombas que tenía enterradas.


¿Que demonios estoy haciendo con mi vida?


domingo, 24 de mayo de 2020

Pandemia

No.-

jueves, 9 de enero de 2020

Gloria.

Cansancio,
Llanto.
Mis pies agotados.
Hasta acá no más.
Si no es ahora, nunca.

Lo logré.

DIVINIDAD ALTÍSIMA.
ANCESTROS MIOS.

Llanto.
Euforia.
Alegría (infinita).

Me saqué todos los miedos.
Todas las maldiciones.

En un sólo grito ahogado.



GRACIAS.

domingo, 20 de octubre de 2019

Estado de excepción.

Esta era la guerra.
Algo parecido a lo que me contaron los viejos.
A eso que jugábamos cuando niños, lo que imaginábamos.
Soldaditos de plomo, luciendo hermosas banderas.
Uniformes impecables.
Mi casco, mi fusil, la Patria.
No tengo miedo, tengo principios.
Córtenme los pies, yo no iré.
Esta guerra no es mi guerra.
Yo no iré.
NO.

sábado, 31 de agosto de 2019

Inesperada

Llegaste.
Te plantaste frente a mi.
¿Quien eres?
¿De donde vienes?
¿Con que derecho?
Me llenaste de ternura.
A preocuparme (si te pasa algo, me muero).
Sal, sal de aquí.
(Y eso lo dije tomando el tren más rápido hacia ri).
Ya, basta.
Ese hielo que tengo es sagrado.
No.
Y ahí me ví como gato de espaldas, cerca del mar.
Aléjate, no hago bien.
Cariño me hacías.
Tu voz.
Basta.
Me deshielo.
Me endulzo.
Aunque quede sólo en eso.
Lo agradezco.
Me iré.
Pero si te vas, no se quien soy.
Y sueño con esos ojos todos los malditos días.
Hazme el favor, lárgate.
O mejor no.

miércoles, 5 de diciembre de 2018

Tragamonedas

¿Que pasó?
Luego de querer morir, renacer, rearmarme vino un huracán.
Volví a crecer.
Uno de los últimos escalones que me faltaban.
No morí en angustia y dolor porque simplemente NO-ME-PERMITÍ-ESE-LUJO.
No, Atlas y el mundo sobre mis hombros.
Pensé no me lo podía, pero descubrí en mis flaquezas una fuerza inimaginable.
Me salió otra cana.
Y otra arruga
Me hice grande.
Buenas noches Beirut.

martes, 20 de marzo de 2018

Un día como hoy

No fue necesario que facebook me lo recordara,
soy "una efeméride andante" como me diría mi madre desde chico ya que esa facilidad para recordar fechas con sus acontecimientos nació conmigo y podríamos decir es una virtud.
No niego que a veces detesto esa habilidad porque me ata a veces a recuerdos que honestamente preferiría borrar, pero, también, me permite descremarlos con el tiempo y sacar lo bueno.
El asunto es que no, esta vez no fue necesario.
Fin de un verano, un par de llamados en la mañana, Dios mio era verdad.
Tu ida nos golpeó tanto y nos cambió tantas cosas... tantas.
Recuerdo el tornado que vino posterior y que arrastró todo.
No fuimos tan cercanos, pero fuiste parte de una película que tengo guardada,
de esa juventud cándida y tierna, de esos días alegres.

Un abrazo al cielo...

martes, 6 de marzo de 2018

Ciudad

Y volví.
O volvimos.
La ciudad me esperaba.
Increíblemente yo la añoraba.
Había que re-armarse,
retomar los afectos que dejé aquí y recuperarse de los tormentos.
Y el trabajo.
El bendito trabajo.
Una frase bien polémica resonaba en mi cabeza "el trabajo os hará libres",
y en ella me escudé.
Cuando recordaba aquella noche sólo me encerraba en lo que debía hacer: mi papeleo.
Pero la procesión era interna.
Me afirmé en lo que había, en los puntos cardinales y en sonreír, aunque fuera falsamente.
En una de esas se me hacía costumbre.
Y lo logré.
De tanto sonreír falsamente logré hacerlo costumbre.
Volví a reír con ganas y sin motivo.
Me afirmé en lo que quedaba.
Y era oro.
Era yo mismo.
Ese yo que tenía oculto, que se adaptaba a lo que el mundo pedía de él.
A la cresta.
Elimino lo malo, potencio lo bueno, pero no cambio mi esencia.
Y me dieron ganas de comerme al mundo y que las suelas de mis zapatos se sintieran en todos lados.
Cómo antes.
Cómo ese que supe ser.

Apostar (II parte)

Boté la mesa y quedé en blanco.
Lejos, en un lugar desértico (¿Así como Las Vegas, no?),
sólo, medio desamparado y más triste que la cresta.
Todo daba vueltas en mi cabeza, TODO.
Lo admito, la culpa me había invadido como hacía tiempo no lo hacía.
All in y en pelotas.
De nuevo.
Cresta.
Un par de vueltas al pueblo mas "cercano",
cigarrillos mediante y volver al tráfago de la ciudad eran mi esperanza.
La única.
Tendría que re-armarme de nuevo.
Desde las cenizas.

martes, 27 de febrero de 2018

Apostar


"Bienvenidos al casino".
Allá vamos, de nuevo, me dije.
Arriesgarse o morir, pensé, siguiendo a pie juntillas ese radar que cada ser humano tiene llamado "intuición" y que en el caso mio está pésimamente calibrado, cómo ya se verá.
La jugada se veía perfecta, casi.
Iba haciendo todo bien.
Perfecto, como hace tiempo no pasaba.
O eso creía, al menos mis camaradas eso me ratificaban y yo creí.
Que tonto.
De tanto bluff en algún momento tenía que lanzar el póker de ases pero lo retrasé, tanto como pude.
¿Pánico escénico?
Sí. Y temor al fracaso, ese puto miedo que me empezó a atrapar luego de tanta caída libre.
En algún momento, licor mediante, se cayeron los lentes, la máscara y las caretas, y ahí me vi sin poder tenerme en pie y harto de celos/anhelos que se truncaban ante mis ojos.
Y el portazo.
Había llegado a la final y no lancé nunca las cartas.
Hasta aquí no más llegamos, dijo el croupier.
"Devuelvánme las fichas!" grité desesperado, tomándolo fuerte del brazo.
"Perdiste" dijo.
"¿Pero cómo?, si hice todo bien!"
Eso creí.
Y ahí me quedé, con una borrachera infernal, mi dignidad hecha pedazos, mil excusas que ofrecer y un montón de preguntas que responderme.

No juego más.
No a esta edad.
Ya no apuesto.
No si no es sobre seguro.

miércoles, 24 de enero de 2018

Novio de la soledad

Cuando muy pequeño hice un pacto contigo.
Recuerdo perfectamente el momento, tiene que haber sido en junio o julio de 1989,
en la ventana de la casa de mis padres, mientras jugaba a alcanzar la aldaba de la puerta.
Desde allí te transformaste en mi amiga, consejera, fuente de respuestas
y luego en amante y compañera.
No te niego, te he sido infiel.
Alguna vez te fui tan infiel que casi te abandono para siempre.
Pero me reconquistaste,
por la fuerza viniste a retomar tu lugar,
a recordar con ira el pacto que juré.
Y que muero por desarmar.
Y tirar a un tacho de la basura eso que firmé.
"Nunca me abandonarías" me dijiste.
Me enfermas.
Me ahogas.
Pierdo esos ojos color sonrisa que tanto anhelo,
sólo por cumplir ese pacto.
Y yo que necesito esos ojos como a la luz del sol que se refleja en ellos.
Me cansé de ser tu novio, soledad.


jueves, 6 de julio de 2017

De arreboles y otras yerbas

Por los ventanucos del encierro, hacia el sur, veo un arrebol que atraviesa la ciudad.
Púrpura, magnífico, duró menos de 5 minutos, hasta que el sol se guardó nuevamente tras la cordillera de la costa, esa que se nevó y que nos tiene convertidos en un inmenso frigorífico donde 6 millones de almas se conservan y desesperan.
Recordé, con cariño, mas sin nostalgia ni pena, otros arreboles de mi vida, también de julio, también de agosto, también de mayo, unos mirando al este, otros al oeste, perdidos por la Alameda al poniente, otros de vuelta, invocando extraterrestres.
Los recordé y me sentí bien,
agradeciendo lo bueno, siendo el material para escribir esta nueva historia.
Los recordé y recogí en parte la inocencia de esos años.
Todo eso en menos de 5 minutos.
Todo eso en una vida.

sábado, 8 de abril de 2017

Aguas

Ni ruletas rusas.
Ni sueños delirantes.
Ni pesadillas.
Ni nada.
Un poco de respiro, un par de meses de aliento obtuvo aquel que ya agonizaba.
Una pérdida, lejana pero cercana a la vez, dio las luces de lo que se vendría.
Borracheras mediante,
llantos de soledad infinita,
de esa espiritual y también físca,
perderme en relámpagos oscuros,
tocar el fondo del abismo y besarlo.
Amar el pozo.
Luego, éxtasis de triunfo,
esperanzas renovadas,
el invierno radiactivo iba dando paso a pequeños rayos de sol.
Mas ahora, la meseta.
¿Paz?
Jamás.
No me permitiría el aburrimiento de navegar aguas tranquilas.
Sin emoción, sin pasión, no, eso no.
Pero si una tranquilidad extraña.
Un mar turbulento en una extraña calma.
No será para siempre, eso sí, pero la corriente parece buena.
Otra vez.
Allá vamos.


domingo, 6 de diciembre de 2015

Vamos

Me conseguí en la reventa otros tickets para jugar a la ruleta rusa.
Justo en el momento que mas lo necesitaba.
Las notas de crédito las repartí en lugares estratégicos,
dejé pistas: quien me conozca bien sabrá donde encontrar.
Estoy seguro que ahora cae.
Estoy seguro que al fin descanso,
de este mundo mal oliente,
que jamás mereció mis lágrimas,
ni mi risa, ni lo que yo podía darle.
Intenté pero no me resultó.
El Altísimo sabe que lo intenté,
pero aun así me fui de bruces.
Princesa de mis sueños,
corazón de cristal,
ese mismo que destrocé en un momento de ira y confusión estúpidas,
vístete de rojo carmesí para presenciar el espectáculo,
prepara tus mejores zapatos para saltar sobre mis despojos,
lo merezco,
tu sangre que yo vanamente desperdicié merece venganza,
amor mio,
yo te la daré para que no ensucies tus manos
ni tu bello rostro.
Entiendo todo,
lo comprendo todo,
me demoré un tiempo, pero ahora cae sobre mi como una tonelada de culpa,
de recuerdos, de malas decisiones
y de oir palabras sin sentido.
Como la cobardía,
esa que me atacó y de la cual no supe defenderme.
En la mirada perdida de un par de jóvenes nerviosos,
frente a un cajero automático,
advertí nuestro rostro cuando perdimos la inocencia,
bastantes años atrás.
Aquel día donde murió el sol de primavera.
Aquel sol que ahora me mantendría vivo, quizás.
Aquel sol al cual yo prometí una promesa que no cumplí.

martes, 29 de septiembre de 2015

La enfermedad del alma

Enferma.
Enferma tengo mi alma.
Vivo del recuerdo de días pasados,
gloriosos.
Me enfermé de melancolía,
me volví viejo a los 29 años.
Primero, llené mi alma de odio,
luego de resentimiento,
de desconfianza y terquedad.
Despues, la comencé a despedazar en recuerdos.
Hoy, sólo vivo.
Solo soy un títere,
me muevo por impulsos,
hago las cosas "por qué hay que hacerlas"
y hasta sonrío.
Si, sonrío, para disimular.
¿Quieren que tenga un título?
Pues bien, ahí lo tienen.
¿Quieren que mejore mi apariencia?
Bueno, ahí tenemos pastillas.
¿Quieren que sea adorable con los demás?
Tomen, ahí está mi oreja.
¿Quieren que sea exitoso?
Bueno, aparentémoslo.

Me fundí.
Debió haber caído la bala.

Para colmo, agoté mis tickets para la ruleta rusa.
Por lo menos para esta pasada.

Habrá-que-soportar-estoicamente.

lunes, 24 de agosto de 2015

Reliquia

Los días, los meses,
nada tienen sentido.
Me ahogo,
por las consecuencias de un desastre que yo inicié.
No pude guardar las reliquias de nuestra catedral,
me creí fuerte,
no pude.
Cuando estaba a punto,
un río de lágrimas sin justificación se abalanzaron sobre mis ojos,
los recuerdos de un pasado hermoso se abrieron ante mi,
como las murallas de una represa hecha en base a heridas que yo hice.
Se agrietó, no pude.
Mi garganta se atoró.
No pude guardar las reliquias.
Sólo las oculté.
El buen soldado valiente y despiadado se creyó fuerte y sucumbió al suelo en un grito ahogado.
¿Por qué?
Por la reacción ante un final esperado,
un final que tenía que suceder, que quizás no pensé que fuera ahora.
No me duele el final,
solo es la impresión,
el saber que, ahora sí, es en serio.
Enterramos nuestra ternura,
nuestra inocencia, en un cajón, del que
te ayudaron a botar la llave al río,
para jamás volver a encontrarla.
¿Sabes?
Cuando ésto equivale a una pizca apenas de todo el inmenso daño que te hice,
puedo entenderte,
puedo quererte aun mas.
Tanto, que quiero que vuelvas a sonreír y ser felíz.
Eso, también me hace feliz

(Guardaré ese trocito hasta mi muerte
cómo al Santo Grial,
quizás en la próxima ese trocito me ilumine a que nos encontremos, en el mar).

Ahora, a la estepa.
Veremos que pasa allá afuera.

viernes, 17 de julio de 2015

Los recovecos del alma

Ya estoy desnudo,
consciente de mi,
de los recovecos que en mis sesos tengo.
Me encantaría.
Me encantarían tantas cosas,
pero esta es mi esencia,
esto es lo que siempre tuve y disfracé en un oropel de ilusiones de felicidad.
No, no soy ese, aquel que soñaste.
Discúlpame por la verdad, nena.
Siempre fui este,
un ególatra,
inconsciente,
frío,
calculador.
Sentí amor,
y cuando lo sentí me aterré,
al punto que me congelé.
Un lobo,
que en la estepa sólo morirá.

(Gracias)


Marianne

Mátame 3 veces,
pero déjame perder mi conciencia en tu mirada.
Déjame ir.
Déjame hasta el cielo,
ir. volver,
crear nuevos horizontes,
inventar nuevas alegrías,
llenar tambien las desesperanzas.
Dame la oportunidad,
de nadar en tus ojos,
de ser el protector de tus sueños,
de ser el mentiroso que escribe estas líneas,
por ti, por mi, o por esa Marianne guía de una revolución que no existe.

Furtivo destino

BANG!

(Es lo que me quedé esperando,
entre sollozos de mi madre,
los ruegos de mi padre,
la vida que transcurrió ante mis ojos,
el vaso de whiskey que solté al suelo,
los intestinos apretados,
esperando el final ¿felíz? de este melodrama,
el destino trunco maltrecho de sueños que explotan en Plutón,
y se alimentan de la lava de los cráteres de los volcanes extintos de la luna,
de los recuerdos,
de los sueños y de los caminos recorridos,
de los anhelos truncos).

CLAC!
No era.
¿gané?
¿O mas bien perdí?

Hasta la próxima vuelta.